Ludwig está triste. Tuvo quizás el peor día de su vida, se levantó tarde porque el despertador no sonó, llegó tarde a la primera  entrevista de trabajo que había logrado conseguir en meses. Su portafolio de presentación cayó en un gran charco de agua mientras sacudía su zapato que había conocido unos segundos antes el mismo charco. Regresó a su casa desesperanzado y consiguió a su única novia acostándose con su único amigo. Terminó en un bar desecho y solo. En la soledad de un callejón pensó en lo infeliz que había sido y decidió quitarse la vida, pero la bebida no le sentó bien y ni siquiera pudo suicidarse. Paró en un hospital, triste, y humillado bajo la mirada burlona del personal de emergencias.

Ludwig está contento. Tuvo quizás el mejor día de su vida. Su trabajo fue galardonado luego de tantos años de trabajo, había ganado un vehículo deportivo como parte de una promoción del banco por utilizar por primera vez su tarjeta de crédito. Tuvo un agasajo con sus buenos amigos de la empresa donde trabajaba. Conoció a una hermosa mujer, quizás la más linda que pudo imaginarse haber conocido. Siendo el homenajeado no tuvo que esforzarse para conquistarla y mejor aún no tuvo que inventar excusas para llevarla a su nuevo departamento en la mejor zona de la ciudad. Antes que finalizara el día, reposando al lado de una exuberante desconocida, sonreía pensando en lo contento que estaba. Recordó aquel día que intentó quitarse la vida.

Ludwig está muerto. Recién había tenido el mejor día de su vida. La polícia encontró a una exuberante mujer descontrolada y llorando. En el baño, el cadáver de Ludwig colgaba con un cable atado en el cuello. El detective nunca había visto la imagen de un cuerpo rígido con semejante sonrisa. Al lado, una nota:

Adiós, fui totalmente feliz.